Siempre supe que la fotografía nos permite trabajar en el arte de congelar el tiempo. Como cuando hice un retrato muy especial de la bisabuela de mis hijas quien hoy ya no está con nosotros. También como cuando capturé lugares irreales a los que nunca he vuelto. Y como cuando capturé la infancia de mis hijas que hoy ya son mujeres.

Pero hace algunas semanas tuve la oportunidad de congelar el tiempo de verdad.

Me llama mi hermana por teléfono y me dice… “tengo un trabajo para ti, es una sesión de fotos pero no es cualquier sesión, se trata de fotografiar una casa que se va a vender”. Le pregunté: ¿fotografías bonitas para que quien las vea quiera comprarla?… a lo que mi hermana responde… “¡No! La casa ya está vendida y quieren conservar su recuerdo en fotos“.

La respuesta fue un SI rotundo. Pensé, si alguien quiere fotografías de la casa que vendió, debe ser muy especial y yo quiero ser parte de esa historia.

La cita fue en el pueblo de Huichapan, Hidalgo (no tenía idea de que existía). Me encontré con la dueña y desde que vi la puerta de entrada supe que esta sesión sería especial.

Resulta que la casa perteneció a la familia desde los años 1800 por más de 4 generaciones y lo increíble es que se conserva así, como en aquel entonces. Los tapices, los muebles, las fotos, los espejos, la vegetación, la fuente, la madera de las puertas y ventanas. 

No podía creer que estaba ahí, con mi cámara, encargada de capturar hasta el más mínimo rincón y de practicar el arte de congelar el tiempo en todo su esplendor.

En ese momento me di cuenta que en realidad no iba a fotografiar una casa… iba a congelar el tiempo en la historia de una familia… ¡me sentí muy afortunada!

Mientras caminábamos por todas las habitaciones la dueña me fue contando las leyendas sobre su tatarabuela, sobre la edad en la que su abuela se casó y cómo se hizo cargo de la casa. Y luego cómo pasó a manos de su mamá quien se hizo cargo por más de 30 años.

¡Todas las fotos son originales!

Algo que me volvió loca fueron las puertas y ventanas de la casa. Siempre pensado que detrás de cada una de ellas hay miles de historias y si conoces mi trabajo sabrás que tengo una gran colección de ellas. 

Pues en esta ocasión pude comprobar que realmente hay mil y un historias detrás.

Caminamos por el pueblo, pequeño pero lleno de color y magia. La dueña me enseñó la Iglesia principal, el palacio municipal, el lugar donde compraban el pan y la plaza donde jugaba de pequeña. Fue una experiencia completa.

De vuelta a las sesiones fotográficas

Durante 5 años tuve la suerte de documentar un momento en la historia de muchas familias, parejas, niñ@s. Disfrutaba mucho ese tipo de fotografía por la conexión que se logra con las personas que están frente a mi cámara. Poder conectar con ellos y formar parte de un momento en sus vidas y practicar el arte de congelar el tiempo me hacía sentir muy afortunada.

Tuve que dejarlo por cambio de residencia y cuando quise retomarlo comenzó la pandemia.

En este post de Instagram te cuento con detalle el recuerdo de mi primera sesión fotográfica:

Como toda experiencia que se deja de practicar por un tiempo viene un nuevo aprendizaje. Te comparto algunos tips que pueden ayudarte cuando estés en una situación parecida.

Esto es lo que aprendí en mi regreso a las sesiones:

Estoy feliz de que esta sesión sea la primera de una nueva etapa en la que Lili Palet Fotografía retoma las sesiones fotográficas. Fue realmente una experiencia maravillosa. Adentrarme por completo en la historia de una familia y conocer sus raíces a través de esas paredes y recuerdos.

Si estás en Querétaro y sus alrededores y te interesa congelar este momento que estás viviendo, envíame un correo a hola@lilipaletfotografia.com y con gusto resuelvo tus dudas. Me encantará apoyarte.

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Estoy convencida de que la práctica es la mejor manera de avanzar en el mundo de la fotografía pero… ¿Qué sucede cuando te quedas sin ideas? 

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